Durante los últimos 20 años el país ha realizado un esfuerzo significativo en el desarrollo del mercado de capitales local como una de las medidas para potenciar el crecimiento económico. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, la cantidad de compañías que cotizan en la bolsa parece haberse estancado y el número de aquellas cuyas acciones son realmente liquidas es aún menor, y el soñado desarrollo a partir del flujo de dinero en el mercado de capitales está lejos de las expectativas.

Una de las razones para explicar esta problemática es que las personas naturales o inversionistas no profesionales, son dueñas de un menor porcentaje del circulante de las acciones en el mercado y su participación viene disminuyendo con el paso del tiempo. Se podría justificar a partir del desconocimiento general de la población sobre el sistema financiero y las alternativas de inversión y ahorro a disposición del público general. Esta es una aproximación tradicional, pero a la luz de las nuevas dinámicas que presenta la economía a razón de cambios demográficos, sociales y políticos, existe una explicación diferente.

La explicación parte del cambio en el perfil del inversionista. Hoy son profesionales jóvenes que durante sus estudios o inicios en el mundo laboral fueron testigos de crisis financieras a nivel local e internacional, crecieron con la conectividad del internet y son hoy en día observadores y clientes de la entrada de modelos de negocio disruptivos que transformaron la movilidad en las ciudades, el hospedaje, y el entretenimiento. Esta nueva generación de inversionistas está ávida por acceder a instrumentos de inversión que alejados del mercado tradicional presenten modelos de negocio novedosos y que adicionalmente agreguen valor social o ambiental, estos inversionistas necesitan activos alternativos.

La categoría de activos alternativos está compuesta principalmente por activos que no están regulados y vigilados, y contempla un amplio espectro que va desde activos inmobiliarios hasta inversiones en emprendimientos en etapa temprana. Este tipo de activos presenta desafíos de liquidez, de valoración y naturalmente implican un mayor riesgo, lo cual supone dificultades para los inversionistas, sin embargo, si se desarrollan correctamente ofrecen retornos considerablemente superiores y con medidas oportunas también se mitigan los riesgos.

Los activos alternativos yacen en las oportunidades, en la oportunidad de transformar un sector de la economía, en la oportunidad de resolver una necesidad de la población, en la oportunidad de mejorar la experiencia del cliente. Para poder capturar las oportunidades es necesario vincular a todos los actores relacionados directamente con la oportunidad, y es así como se conforman los ecosistemas de valor, que sirven de plataforma para que un activo alternativo tenga el impacto y el retorno esperado.

Los ecosistemas de valor tienen la capacidad de comprender y analizar la necesidad desde diversos puntos de vista, recoger los intereses de los actores implicados y diseñar la mejor solución al alcance. Como resultado, una solución integral enmarcada con el título de activo alternativo que verdaderamente tenga poder transformador.

Es por esto que en Sh’ma Capital no solo somos gestores de vehículos financieros, somos habilitadores de Ecosistemas de Valor, que como resultado nos permiten poner en el mercado activos alternativos que construyan país.

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